El pasado 14 de septiembre, INCIPE inauguró el curso académico 2026-2027 con la sesión virtual “Ucrania: balance de la guerra y perspectivas de futuro”, a cargo del coronel Ignacio Fuente Cobo, uno de los analistas españoles más reconocidos en materia de seguridad y defensa. El acto, presentado por el secretario general de INCIPE, Ricardo Díez-Hochleitner, y moderado por su director general, Vicente Garrido, ofreció una radiografía de la situación sobre el terreno tras cuatro años y medio de guerra y de los escenarios que se abren de cara al invierno.

Ignacio Fuente Cobo es coronel de Artillería en la reserva, diplomado de Estado Mayor, graduado por la Escuela de Defensa Aérea del Ejército de Estados Unidos y por el Colegio de Defensa de la OTAN en Roma, y especialista en guerra electrónica. Es máster en Paz, Seguridad y Defensa por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED. A lo largo de su carrera ha dirigido el grupo de misiles antiaéreos Mistral de Madrid y el regimiento de artillería antiaérea Hawk-Patriot de Sevilla, y ha sido jefe de Logística de la Comandancia General de Melilla. Fue analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos y representante nacional en el Colegio de Defensa de la OTAN en Roma entre 2018 y 2021. En el ámbito operativo, estuvo destinado en la SFOR de la OTAN en Bosnia-Herzegovina (1999-2000) y fue jefe de operaciones de la fuerza de la Unión Europea en la operación Althea (2006). Profesor de máster en las universidades Carlos III y San Pablo CEU, es autor de más de 150 artículos y trabajos, Premio Defensa 2004 y académico de la Academia de las Ciencias y las Artes Militares.

Ignacio Fuente Cobo dedicó la primera parte de su exposición al frente de Donetsk. Desde el fracaso de la contraofensiva ucraniana de 2023, explicó, Rusia avanza hacia el oeste con una táctica de desgaste, que radica en conquistar pequeñas porciones de terreno sin detener nunca el avance, aun a costa de un elevado número de bajas. Así cayeron Bajmut en 2023, Avdíivka en 2024 y Pokrovsk en 2025, hasta situar a las tropas rusas ante el llamado cinturón de ciudades fortificadas del Donbás: Kostiantínivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Sloviansk.

Fuente Cobo situó en esas ciudades el desenlace de la guerra. Levantadas sobre terreno dominante, comunicadas entre sí y protegidas desde hace años con campos de minas y obstáculos anticarro, constituyen el cerrojo de las grandes llanuras ucranianas; si cayeran, Rusia tendría vía libre hacia el Dniéper. Ucrania ha concentrado allí entre 45.000 y 65.000 de sus mejores soldados, bajo el mando de Denís Prokopenko y Andrí Biletski, frente a dos ejércitos rusos de armas combinadas que suman entre 110.000 y 140.000 efectivos. Kostiantínivka, según indicó el ponente, está ya en un 90% en manos rusas, mientras que Ucrania conserva el control de Limán, clave para evitar un envolvimiento por el norte.

La desproporción demográfica, de cuatro a uno a favor de Rusia, pesa de forma determinante en una guerra de este tipo. Moscú logra reponer cada mes un número de soldados similar al de sus bajas, en torno a 40.000, mientras que Ucrania afronta, advirtió Fuente Cobo, serias dificultades de movilización.

No obstante, la guerra se libra también lejos del frente. Rusia ha intensificado sus ataques contra infraestructuras logísticas, energéticas y de comunicaciones, aprovechando que las defensas antiaéreas ucranianas están al límite, entre otras razones porque gran parte de los misiles Patriot se destina hoy al golfo Pérsico. A ello se suma el bloqueo del puerto de Odesa, principal salida del trigo ucraniano: la ruta alternativa del Danubio, apuntó, solo permite exportar un tercio de ese volumen. Ucrania, por su parte, ha respondido con ataques de largo alcance, de hasta 3.000 kilómetros, contra refinerías, terminales y almacenes rusos, que han alcanzado a más del 40% de las refinerías del país. Con todo, el coronel matizó que difícilmente provocarán el colapso de la economía rusa.

En el plano internacional, Fuente Cobo subrayó que el apoyo a Ucrania es hoy casi exclusivamente europeo. Recordó que la ayuda europea supera ya los 200.000 millones de euros, que los aliados acordaron en la cumbre de la OTAN de Ankara un compromiso de 140.000 millones para los próximos dos años y que la Unión Europea ha aprobado un paquete de 90.000 millones para 2026 y 2027. Señaló, asimismo, la lucha contra la corrupción como uno de los grandes retos pendientes de Kiev.

De cara al futuro, consideró improbable tanto la apertura de un nuevo frente desde Bielorrusia, que exigiría a Rusia una nueva movilización, como un ataque a los países bálticos. Lo previsible, concluyó, es más guerra: combates de gran intensidad en el Donbás, más ataques sobre la retaguardia de ambos países y un aumento de las operaciones híbridas contra Europa, en un invierno que se anuncia especialmente duro para Ucrania.

El turno de preguntas permitió abordar el desgaste de Rusia y la transformación de su economía en una economía de guerra, la amenaza híbrida sobre Europa, la capacidad de Ucrania para sostener sus posiciones durante el invierno y los apoyos externos de Moscú. La sesión se cerró con una reflexión sobre las garantías de seguridad que podría recibir Ucrania en un eventual acuerdo de paz y sobre su futuro ingreso en la Unión Europea, que, según recordó el ponente, deberá cumplir los mismos requisitos que el resto de los Estados miembros.

Aranzazu Álvarez