El 19 de junio de 2026, INCIPE celebró la actividad virtual titulada “Transformaciones económicas en los países del Golfo: ¿qué implicaciones para el espacio euro-mediterráneo?”, con la participación del Carlos Conde, jefe de la División de Oriente Medio y África del Norte de la OCDE. La actividad fue presentada por Ricardo Díez-Hochleitner, secretario general de INCIPE, y moderada por Vicente Garrido, director general de la Fundación.

Nacido en Boltaña (Huesca), Carlos Conde es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y doctor en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid. Fue vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas de Granada y profesor titular en esa universidad, además de profesor visitante en Harvard, entre 1995 y 1996, y en la Universidad Al Akhawayn de Ifrane, en Marruecos, a comienzos de los años dos mil. En 2007 se incorporó a la OCDE, donde ha dirigido el equipo de la Alianza África y, entre 2007 y 2011, el programa MENA-OCDE de buena gobernanza. Hoy, es el jefe de la División de Oriente Medio y África del Norte dentro de la Dirección de Relaciones Globales y Coperación de la OCDE.

Carlos Conde empezó por recordar por qué el Golfo importa al mundo entero. Está en el centro de la infraestructura energética mundial, concentra buena parte de las reservas y de los flujos diarios de petróleo y gas, por lo que cualquier acontecimiento allí perturba los mercados de materias primas y las expectativas de inflación. A ello se suma su peso financiero: sus fondos soberanos figuran entre los mayores del planeta y su inversión exterior crece deprisa, cada vez más orientada a infraestructuras, tecnología y energías limpias. La reciente crisis en torno al Estrecho de Ormuz, señaló Conde, dejó a la vista hasta qué punto estas economías están entrelazadas con las del resto del mundo, y no solo por la energía: por el estrecho pasa entre el 25% y el 35% del comercio mundial de materias primas para fertilizantes.

Pero quedarse en la imagen del Golfo como economía de renta petrolera sería, advirtió, un error. En dos décadas el peso de los hidrocarburos en el PIB ha caído con claridad: en Arabia Saudí, del 54% de 2005 al 37% en 2025; en los Emiratos, del 31% al 28%. Detrás hay agendas de reforma muy ambiciosas, articuladas en “visiones” nacionales que comparten cuatro objetivos: mejorar el clima de negocios, apostar por la digitalización y la inteligencia artificial, desarrollar mercados financieros más maduros y abrirse al comercio y la inversión internacionales. Los Emiratos abrieron camino hace veinte años. Arabia Saudí llegó más tarde, pero su Visión 2030, impulsada por el príncipe heredero Mohamed bin Salman, es hoy uno de los ejercicios de transformación más profundos, y avanza, destacó, a una velocidad que a menudo pasa inadvertida fuera de la región.

Carlos Conde se detuvo en una dimensión que casi nunca ocupa titulares: el capital humano y, en particular, el papel de la mujer. Los avances educativos son notables. En Arabia Saudí, más del 80% de las mujeres en edad universitaria cursa estudios superiores, y en las disciplinas científicas y técnicas los países del Golfo superan ya a buena parte de los miembros de la OCDE. La participación laboral femenina crece, aunque de forma desigual y todavía por detrás de esos logros educativos. Un informe reciente del Banco Mundial sitúa a Arabia Saudí como el país que más lejos ha llevado sus reformas legislativas, derogando discriminaciones que aún persisten en otros lugares de la región.

En investigación y desarrollo el punto de partida es más bajo, pero la curva sube: la concesión de patentes ha aumentado un 25% desde 2015. Lo interesante, apuntó Conde, es el modelo. En lugar de levantar grandes universidades generalistas, estos países eligen unos pocos sectores prioritarios (tecnologías digitales, inteligencia artificial, energías renovables, salud) y concentran ahí el esfuerzo, muchas veces fuera de la universidad tradicional y de la mano del capital riesgo que alimentan sus fondos soberanos, del saudí PIF al Banco de Desarrollo de Qatar. El resultado asoma hasta en la movilidad estudiantil: en 2023, los Emiratos registraron un saldo neto positivo del 64% entre los estudiantes que reciben y los que envían al extranjero.

La propia OCDE es parte activa de ese proceso. Empezó a trabajar con los Emiratos hace años en gobernanza pública, planificación estratégica o competitividad, pero el acuerdo de mayor calado es el que firmó con Arabia Saudí en 2024. Ese protocolo ha abierto a un país del G20 las puertas de los comités y las plataformas de la organización, con compromisos de reforma y de adhesión a estándares internacionales que van de la política de inversión a la lucha contra la corrupción o el uso de la inteligencia artificial. Como muestra del cambio de época, Conde subrayó que este año, por primera vez, los países del Golfo participaron en la conferencia ministerial anual de la OCDE.

La segunda parte de la intervención miró a la relación con el espacio euromediterráneo. En comercio, las complementariedades conviven con fuertes asimetrías, y hay un dato que resume el nuevo tablero: en 2023, China desplazó a la Unión Europea como primer socio comercial de la región. El intercambio no petrolero gana terreno, pero un acuerdo de libre comercio sigue lejos; las negociaciones se interrumpieron en 2008 y hoy la vía son los pactos bilaterales, empezando por los Emiratos. En inversión el equilibrio es mayor: los países del Golfo son grandes inversores en Europa, con clara preferencia por sus mercados, mientras que la inversión europea hacia el Golfo aún tropieza con trabas regulatorias y con el peso del sector público. Modernizar ese marco, sostuvo, es condición para atraer más capital europeo.

El último bloque, el de la conectividad, quedó marcado por la actualidad. Antes del conflicto habría podido contarse como una historia de éxito: puertos punteros, logística eficiente, un sistema volcado en el transporte marítimo. Las crisis del mar Rojo y de Ormuz han mostrado, en cambio, su fragilidad, y no solo para el Golfo. De ahí el interés por diversificar rutas. Los países de la región participan en la iniciativa china de la Franja y la Ruta, pero también en proyectos pensados para acercarse a Europa, como el corredor IMEC entre la India, Oriente Medio y el Mediterráneo, o distintas conexiones ferroviarias a través de Irak y Turquía, de Jordania y Siria o de Egipto. Construir infraestructuras más resilientes, anticipó, será uno de los grandes asuntos de los próximos años.

En el debate se habló de las prioridades de estas economías ante la descarbonización y la revolución tecnológica; del futuro de la demanda de petróleo; de las implicaciones del reciente entendimiento entre Estados Unidos e Irán y de un eventual peaje en Ormuz.

Carlos Conde cerró con una idea de fondo: el Golfo ha ganado presencia e influencia en la arquitectura económica multilateral, y ese ascenso descansa cada vez menos en el petróleo y más en unas reformas estructurales cuyos frutos empiezan a notarse. Para que cuajen, insistió, hará falta trabajar la gobernanza económica y dotarse de instituciones transparentes y previsibles, homologables a las buenas prácticas internacionales.

Aranzazu Álvarez