El 21 de abril de 2026, INCIPE celebró la actividad virtual titulada "Autonomía estratégica y mercados de capitales: el modelo americano vs el modelo europeo", con la participación de David Jiménez-Blanco, vicepresidente del Consejo de Administración de Bolsas y Mercados Españoles BME y presidente de BME Markets and Exchange. La actividad fue presentada por Ricardo Díez-Hochleitner, secretario general de INCIPE, y moderada por Vicente Garrido, director general de la Fundación.

La sesión giró en torno a una pregunta de fondo: ¿por qué Europa se ha ido quedando progresivamente atrás frente a Estados Unidos en peso estratégico y proyección global, y qué papel juegan los mercados de capitales en esa brecha? Para abordarla, contamos con uno de los profesionales españoles de mayor trayectoria en el mundo financiero internacional. David Jiménez Blanco es licenciado en Ciencias Empresariales y Económicas por CUNEF y desarrolló durante casi 25 años su carrera en la banca de inversión internacional, en particular en Salomon Brothers, Goldman Sachs y Merrill Lynch, donde fue presidente y consejero delegado de Merrill Lynch Capital Markets España y miembro del Investment Banking Operation Committee para Europa, Oriente Medio y África. Actualmente es vicepresidente del Consejo de Administración de BME y presidente de BME Markets and Exchange, la antigua Bolsa de Madrid, y miembro del Consejo de Administración de SIX Group, entidad gestora de los mercados financieros de Suiza. Es asimismo presidente de la Fundación de Amigos de la Alhambra y del Consejo Asesor de CUNEF Universidad, y autor de Conversos, obra que refleja su profundo interés por la historia y la cultura.

Durante su intervención, Jiménez-Blanco partió de una premisa histórica para enmarcar el debate: igual que en la batalla de Cajamarca de 1532 el resultado estaba en buena medida determinado por siglos de desarrollo previo, la brecha actual entre Europa y Estados Unidos responde a decisiones acumuladas a lo largo de décadas que hoy condicionan de manera estructural la autonomía geoestratégica de ambos bloques. El ponente subrayó que esa autonomía depende en última instancia de la potencia económica, y que esta a su vez depende de algo que en Europa se menciona, pero no se aborda con suficiente determinación: la capacidad de los mercados de capitales para financiar el crecimiento, la innovación y la defensa.

En términos cuantitativos, Jiménez-Blanco señaló que entre 2000 y 2025 el PIB de Estados Unidos ha pasado de ser equivalente al europeo a representar 31 frente a 22 billones de dólares, una brecha que se ha ensanchado de manera consistente desde 2008. El gasto militar americano triplica al europeo en cifras absolutas y lo hace de manera sostenible, sencillamente porque dispone de un motor económico mucho más potente. Y en el centro de ese motor, argumentó, están los mercados de capitales: la capitalización bursátil de Estados Unidos representa el 180% de su PIB frente a menos del 100% en Europa, y los fondos de pensiones americanos acumulan más de 40 billones de dólares frente a los 7 billones europeos, con una población europea que es vez y media mayor.

El ponente señaló que el verdadero problema no es solo el volumen de ahorro, sino su asignación. Las empresas americanas se financian en un 75% a través de los mercados de capitales y solo en un 25% mediante crédito bancario, mientras que en Europa esa proporción se invierte. Esto se traduce en una mayor capacidad de financiar equity y proyectos de riesgo a largo plazo, que es precisamente lo que hace posible la innovación y el surgimiento de empresas líderes. Ilustró esta diferencia con la comparación entre los siete magníficos americanos, empresas fundadas en su mayoría en torno al año 2000 o después, y las europeas, en su mayoría líderes de ciclos anteriores que no han encontrado el capital necesario para escalar al nivel de sus equivalentes americanos. Citó los casos de Nvidia frente a ASML, y de Microsoft frente a SAP, como ejemplos de esa asimetría de escala.

Jiménez-Blanco atribuyó esta diferencia, en buena medida, a opciones de política económica y modelos de Estado de bienestar distintos. En Europa, el hecho de que el Estado se ocupe de las pensiones desincentiva el ahorro financiero privado. Los europeos ahorran fundamentalmente en inmuebles y depósitos bancarios, instrumentos que no contribuyen a financiar empresas de crecimiento. En Estados Unidos, en cambio, la necesidad de ahorrar para la pensión y para el seguro médico, incentivada fiscalmente desde 1978 a través de las cuentas 401K, ha generado un mercado de capitales de dimensiones incomparables. Señaló que cada modelo tiene ventajas e inconvenientes, pero que el efecto secundario del modelo europeo es un déficit estructural de capital disponible para la inversión productiva.

Respecto a la fragmentación de los mercados europeos, el ponente matizó que, aunque es un problema real, su solución no puede abordarse solo desde arriba. Unificar las bolsas sin armonizar previamente 27 legislaciones mercantiles, concursales y fiscales distintas serviría de poco. Frente al ancho del mercado, insistió en la importancia de trabajar también en su profundidad a nivel nacional, y puso a Suecia como ejemplo: sus cuentas de ahorro individual han hecho que casi la mitad de la población adulta tenga invertidos activos financieros, lo que ha convertido al país en el mayor generador de startups de Europa y ha propiciado cerca de 250 salidas a bolsa en los últimos cinco años.

La sesión concluyó con un turno de preguntas en el que se abordaron cuestiones como la comparativa con el modelo chino (que el ponente describió como una vía alternativa de canalizar capital masivo hacia tecnología y defensa, pero mediante planificación centralizada), el riesgo de burbujas en los mercados americanos, el papel del sistema financiero español en la integración europea, los modelos de capitalización en América Latina, y la sostenibilidad del sistema de pensiones español. Sobre este último punto, Jiménez-Blanco señaló que España presenta un pasivo actuarial de pensiones equivalente al 500% de su PIB frente a unos activos privados que apenas representan el 10%, lo que sitúa al sistema en una posición de vulnerabilidad estructural compartida, en distinta medida, con los principales países de la Unión Europea.

El debate dejó patente que la brecha entre Europa y Estados Unidos en materia de mercados de capitales no es un fenómeno coyuntural ni exclusivamente financiero, sino el resultado de décadas de decisiones políticas y económicas cuyas consecuencias se proyectan directamente sobre la autonomía estratégica y tecnológica del continente. Como señaló el ponente al cierre, cada año que no se empieza a corregir el rumbo, la meta se aleja un año más.

Aranzazu Álvarez